
“EL ARTE DE CONJUGAR armónicamente el agua, el barro y el fuego, para con su unión crear formas perdurables, objetos utilitarios o decorativos, destinados a complacer diversas necesidades del ser humano, es un proceso de gran antigüedad y de extensa difusión en casi todas las culturas generadas por el hombre a través del tiempo y el espacio.
En Venezuela, esta práctica se adentra en la historia, hasta encontrarse con los primeros indígenas, que establecidos en poblados, cultivaron la tierra; en ese entonces, los objetos se modelaban con las manos y algunos instrumentos sencillos, cociéndose al fuego de una fogata; limitaciones técnicas que sin embargo no impidieron que nuestros antiguos pobladores lograran gran perfección y belleza en su alfarería.
Posteriormente, a la llegada de los españoles, por causa del proceso de conquista y colonización, se olvidó esta raíz autóctona de la cerámica, pero la tradición perduró, enriqueciéndose desde el punto de vista tecnológico, con la introducción del torno y los hornos de cocción más elaborados y eficaces.
Hoy en día en nuestro país, encontramos numerosos exponentes de esta tradición, entre los cuales se destaca Gisela Tello, joven ceramista, que es digna representante de esta manifestación creativa. Incansable y sensible estudiosa de la forma y el color, Gisela trata de profundizar al máximo un tema que no se agota; se preocupa por la simetría de la línea, maneja la curva, logrando formas simples y sensuales; la sencillez de la línea que caracteriza el trabajo de Gisela oculta un intenso estudio, por medio del cual esta creadora experimenta con diferentes arcillas, prueba su resistencia y logra grandes formatos que demuestran su destreza.
Gisela Tello, juega con la mágica alquimia de la temperatura y el color, juego placentero, del cual no descansa hasta lograr el tono de esmalte deseado, que convierte el suyo y que iguala que la formaliza su obra. Actualmente, Gisela ensaya con el rojo, un rojo vibrante que contrasta con los sobrios grises-azulosos o los tan suaves tonos por ella utilizados en otras ocasiones, este rojo profundo, remembranza de la sangre, es uno de sus más recientes logros, del cual está orgullosa, con justificada razón dadas las dificultades que presenta conseguirlo.
Gisela nos ofrece en esta oportunidad un breve vistazo a su mundo íntimo, suave y sereno, que se manifiesta en su dominio del círculo como forma de connotaciones femeninas, alargándolo o achatándolo pero siempre inconcluso pues en él permanece una delicada abertura, cuyo verdadero significado pertenece a su creadora. La obra de Gisela Tello, se nos presenta como una imagen simbólica de una personalidad constante y creadora, que en este momento podemos apreciar en esta muestra de su producción ofrecida por la Galería de Arte Nacional en su serie de exposiciones “El Taller de . . .”
Laura Cotterli Montenegro
“THE ART OF harmoniously COMBINING water, clay, and fire, to create enduring forms, utilitarian or decorative objects, designed to meet various human needs, is a process of great antiquity and widespread diffusion in almost all cultures generated by man through time and space.
In Venezuela, this practice delves into history, encountering the first indigenous people, who established in villages, cultivated the land; back then, objects were shaped with hands and a few simple tools, being fired in the blaze of a campfire; technical limitations that, however, did not prevent our ancient inhabitants from achieving great perfection and beauty in their pottery.
Subsequently, with the arrival of the Spaniards, due to the process of conquest and colonization, this indigenous root of ceramics was forgotten, but the tradition endured, enriching itself from a technological standpoint, with the introduction of the potter's wheel and more elaborate and efficient kilns.
Today in our country, we find numerous exponents of this tradition, among which Gisela Tello stands out, a young ceramicist, who is a worthy representative of this creative expression. Tireless and sensitive scholar of form and color, Gisela strives to delve as deeply as possible into a theme that is inexhaustible; she cares about the symmetry of the line, handles the curve, achieving simple and sensual shapes; the simplicity of the line that characterizes Gisela's work hides an intense study, through which this creator experiments with different clays, tests their resistance, and achieves large formats that demonstrate her skill.
Gisela Tello plays with the magical alchemy of temperature and color, a pleasurable game, from which she does not rest until achieving the desired glaze tone, which becomes hers and which formalizes her work. Currently, Gisela experiments with red, a vibrant red that contrasts with the sober gray-blues or the very soft tones she used on other occasions, this deep red, reminiscent of blood, is one of her most recent achievements, of which she is rightfully proud, given the difficulties of achieving it.
Gisela offers us on this occasion a brief glimpse into her intimate, soft, and serene world, which is manifested in her mastery of the circle as a shape with feminine connotations, elongating or flattening it but always leaving it inconclusive since it retains a delicate opening, whose true meaning belongs to its creator. The work of Gisela Tello is presented to us as a symbolic image of a constant and creative personality, which at this moment we can appreciate in this display of her production offered by the National Art Gallery in its series of exhibitions “El Taller de . . .”
Laura Cotterli Montenegro